LIDERAZGO

Consejos para edificar a líderes potenciales

por John C. Maxwell

Hoy día muchas organizaciones fallan en aprovechar todo su potencial. ¿Por qué? Porque la única recompensa que dan a sus empleados es el salario. La relación entre el empleador y el empleado nunca se desarrolla más allá. Las organizaciones de éxito usan un enfoque diferente. En compensación por el trabajo que una persona hace, recibe no sólo su salario sino también el cuidado de las personas para quienes trabaja. El cuidado e interés en otros tiene la ventaja de transformar la vida de los individuos.

Cuando haya identificado a los líderes potenciales, usted debe empezar a trabajar en la edificación de ellos como los líderes en que se pueden convertir. Para hacerlo necesita una estrategia. Uso la fórmula CRAC como recordatorio de lo que los demás nece- sitan cuando empiezan con mi organización. Necesitan saber que puedo:

C reer en ellos

R elacionarme con ellos

A nimarlos

C onfiar en ellos

La técnica CRAC es el principio del siguiente paso al desarro- llar a los líderes a su alrededor: cuidar a los líderes potenciales.

El cuidado e interés benefician a todos. ¿Quién no sería más estable y estaría más motivado si su líder creyera en él, se relacio- nara con él, lo animara y confiara en él? Las personas son más pro- ductivas cuando se cuida de ellas. Aun más importante, el cuidado crea una sólida base emocional y profesional entre los trabajadores que tienen liderazgo potencial. Después, mediante el entrenamiento y desarrollo, se puede edificar un líder.

El proceso de interesarse es más que sólo animar. Incluye el ejemplo. En efecto, la mayor responsabilidad del

líder en este proceso es ser ejemplo de liderazgo, de gran labor ética, de responsabilidad, de carácter, de receptividad, de constancia, de comunicación y de confianza en los demás. Él es ejemplo aun cuando esté en el camino de enseñar a quienes le rodean. El proceso de ejemplificar viene a ser mejor cuando un líder elige para sí un modelo personal que va a emular, y entonces se convierte en un ejemplo para los miembros de su equipo. En el siglo dieciocho, el escritor Oliver Goldsmith manifestó: «Las personas rara vez mejoran cuando no tienen otro ejemplo a seguir que ellos mismos». Como líderes debemos ser ejemplos para seguir.

Mark Twain bromeaba en cierta ocasión: «Hacer lo debido es maravilloso. Enseñar a los demás a hacerlo es aun más maravi- lloso… y mucho más fácil». Tengo un corolario para la idea de Mark Twain: «Hacer lo debido para guiar a otros es maravilloso. Hacer lo debido, y luego guiarlos es aun más maravilloso… y mucho más difícil». De la misma manera que Twain, reconozco que las autodis- ciplinas de hacer el bien y luego enseñarle a los demás a hacerlo son por naturaleza difíciles al hombre. Todo el mundo puede encontrar excusas para no darse a los que los rodean. Los grandes líderes conocen las dificultades, y aun así cuidan de su gente. Ellos saben que existen personas que responderán positivamente a lo que les brinda, y se concentran en esos resultados positivos.

Las 21 leyes irrefutables del liderazgo

John C. Maxwell
La verdadera medida del liderazgo es la influencia, nada más ni nada menos. La ex primera ministro británica, Margaret Thatcher observó:
 

«Estar en el poder es como ser una dama. Si tienes que decirle a la gente que lo eres, no lo eres». Si observa las dinámicas entre la gente en prácticamente cada aspecto de la vida, verá que algunas personas lideran y otras siguen, y notará que la posición y el título poco tienen que ver con quien realmente está a cargo.

Siendo este el caso, ¿por qué algunas personas emergen como líderes, mientras que otras no pueden influenciar a los demás, sin importar cuánto se esfuercen en hacerlo? Creo que varios factores juegan un papel importante:
 
Carácter: quienes son
El verdadero liderazgo siempre comienza con la persona interior. Por esa razón, alguien como Billy Graham puede atraer más y más seguidores con el paso del tiempo. La gente puede percibir la profundidad de su carácter.
 
Relaciones: a quienes conocen
Usted sólo es líder si tiene seguidores, y eso siempre requiere el desarrollo de relaciones, mientras más profundas sean las relaciones, más fuerte es el potencial para el liderazgo. Cada vez que yo comenzaba en un nuevo puesto de liderazgo, comenzaba a entablar relaciones inmediatamente.
Entable suficientes relaciones buenas con la gente adecuada, y usted puede llegar a ser el verdadero líder en una organización.
 
Conocimiento: lo que saben
La información es vital para un líder. Usted necesita comprender los hechos, saber los factores envueltos, y tener una visión para el futuro. El conocimiento por sí solo no hará líder a nadie, pero no se puede ser líder sin él. Siempre pasé mucho tiempo estudiando una organización antes de tratar de dirigirla.
 
Intuición: lo que sienten
El liderazgo exige más que un simple dominio de datos. Demanda la capacidad de manejar muchas cosas intangibles (tal como lo explico en el capítulo de la Ley de la Intuición).
 
Experiencia: donde han estado
Entre más grandes hayan sido los retos que ha enfrentado en el pasado, más probabilidades habrá de que los seguidores le den una oportunidad. La experiencia no garantiza la credibilidad, pero motiva a las personas a darle una oportunidad de probar que es capaz.
 
Éxitos pasados: lo que han hecho
Nada convence mejor a los seguidores que un buen historial. Cuando fui a dirigir mi primera iglesia, no tenía historial. No podía señalar buenos éxitos pasados que hicieran que la gente creyera en mí, pero cuando fui a mi segunda iglesia, ya tenía unos cuantos. Cada vez que me esforzaba, corría un riesgo, y tenía éxito, los seguidores tenían otra razón de confiar
en mi capacidad de líder y escuchar lo que yo tenía que compartir.
 
Capacidad: lo que pueden hacer
Lo básico para los seguidores es lo que el líder sea capaz de hacer. Esa es la razón principal por la que la gente lo escuchará y lo reconocerá como su líder. Tan pronto dejen de creer en usted, dejarán de escucharlo.
 
(Extracto del libro)
 
Introducción de autor
 
Cada libro es una conversación entre el autor y el individuo que lo lee.  Algunas personas toman un libro esperando encontrar un poco de ánimo. Otras devoran la información del libro como si estuvieran asistiendo a un seminario intensivo. Otras más, encuentran en sus páginas un mentor con el que pueden reunirse diariamente, semanalmente o mensualmente.
 
Lo que me encanta al escribir libros es que me permite «hablar» a muchas personas que nunca podré conocer en persona. Es por eso que tomé la decisión en 1977 de convertirme en autor. Mi deseo de darles más valor a las personas era tan apasionado que me inspiró a escribir. Esa pasión todavía está en mí hasta la fecha. No son muchas las cosas que me gratifican más que estar de gira, encontrarme con alguien que nunca había conocido antes y que me diga: «Gracias. Sus libros realmente me han ayudado». ¡Por eso escribo e intento seguir haciéndolo! A pesar de la gran satisfacción de saber que mis libros les han ayudado a las personas, también hay una frustración que conlleva el ser autor. Una vez que un libro ha sido publicado, se congela en el tiempo. Si usted y yo nos conociéramos personalmente y nos reuniéramos semanalmente o mensualmente para hablar acerca del liderazgo, cada vez que nos reuniéramos, le compartiría algo nuevo que he aprendido. Yo sigo creciendo como persona.
 
Leo constantemente. Analizo mis errores. Converso con grandes líderes para aprender de ellos. Cada vez que usted y yo nos sentáramos a hablar le diría: «No creerías lo que acabo de aprender».
Como conferencista y orador, con frecuencia enseño los principios que presento en mis libros y constantemente estoy actualizando mi material.
 
Utilizo nuevas historias. Refino mis ideas. Y con frecuencia tengo una mejor perspectiva al pararme frente a una audiencia. Sin embargo, cuando vuelvo a los libros que he escrito previamente, me he dado cuenta de lo que he cambiado desde que los escribí. Eso me frustra, porque los libros no pueden crecer y cambiar junto conmigo.
 
Es por eso que me emocioné cuando mi editorial, Thomas Nelson, me pidió que revisara Las 21 leyes irrefutables del liderazgo para una edición especial de décimo aniversario. Cuando escribí el libro originalmente, lo hice para responder a la declaración: «Si yo pudiera reunir todo lo que he aprendido sobre el liderazgo durante todos estos años y lo resumiera en una lista breve, ¿cuál sería?» En papel escribí lo esencial del liderazgo, comunicado de la forma más sencilla y clara posible. Tan pronto el libro salió a la venta y apareció en cuatro listas diferentes de éxitos de librería, me di cuenta de que tenía el potencial de ayudar a muchas personas para que fueran mejores líderes.

¿Por qué hay líderes que caen en pecado?

Por Lucas Leys

Algunas de las historias más tristes que ha vivido la iglesia tiene que ver con líderes que caen en pecado y producen una gran vergüenza al pueblo de Dios.

¿Por que sucede esto? ¿Cómo es que llegan a eso?

Si has vivido de cerca el ver caer a un líder yo sé que duele. Recuerdo cuando un famoso predicador que era muy respetado cuando yo era niño cayó en adulterio y su caída fue usada por la televisión como burla para la iglesia. Al principio nadie podía creer que esto fuera verdad y hasta me acuerdo que mi mamá no podía creerlo aún después de que él mismo lo reconociera llorando por televisión. ¡Qué dolor! Pero era obvio que el problema no había comenzado el día que la noticia salió a la luz. Nadie con su equipo mental funcionando se levanta un día y dice: hoy voy a hacer un desastre con mi vida, lastimar a mucha gente y hacer quedar mal a Cristo.

Todo comienza poco a poco. Mucho antes que nadie se entere. Empieza con un flojo “sí” en un momento de soledad. Emerge de a poco adentro del corazón descuidado. Dios me ha dado el curioso privilegio de trabajar en muchos sectores del cuerpo de Cristo. He pastoreado en distintos países, para diferentes denominaciones, trabajado para distintas organizaciones y hoy viajo por el mundo compartiendo con líderes de todo tipo. Al tener está posibilidad de ver al hombre en acción puedo notar los siguientes problemas como potenciales puertas a una caída estruendosa: Líderes que se creen superados Aún el más respetado ministro de la palabra tiene que reconocer que es un pecador. Somos pecadores y a menos que Jesús estuviera equivocado no hay bueno ni aún uno (Mateo 19:17) Sí. Ni siquiera ese de traje raro que siempre está conmovido y haciendo milagros en TV es justo por sus propios meritos. Todos tenemos una necesidad desesperada de Dios y no podemos confiarnos de nuestra propia justicia.
 
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Corintios 10:12) El que cree estar exento de pecar ya abrió una puerta peligrosa.
 
Además Mr. Satán tiene a los líderes de blanco preferido y la Biblia es clara en prevenirnos que el diablo está atento a nuestros pasos y por eso nosotros tenemos que estarlo aún más. Líderes que están totalmente solos Muchas veces el liderazgo genera soledad. Sea porque uno se va de misión a otro lugar o porque uno está en el tope de una congregación y generó una plataforma donde nadie te puede decir nada negativo, muchos se quedan solos en el liderazgo cristiano. Así muchos se han alejado de todo contacto con la civilización y viven en la burbuja de su ministerio unipersonal.
 
El problema es que a la llegada de la tentación están solos también y no tienen de quién agarrase. Todo en ellos es tan misterioso, secreto y solitario que pronto solo cuentan con su propio criterio para discernir lo que está bien y mal y eso puede ser muy engañoso. No importa lo importante que sea un líder, todos necesitamos amigos que nos sostengan, puedan decirnos cuando consideran que estamos equivocados y nos llamen la atención si estamos en terreno peligroso. Líderes que tienen demasiado miedo a reconocer sus debilidades y tentaciones En muchos círculos cristianos existe el mito del súper líder. Esto fue creado por una generación que nunca hablaba de sus debilidades y pecados.
 
Uno los escuchaba y jamás había nada negativo en sus vidas. Todo era ejemplar y no tenían ninguno de los problemas que tiene el resto de los humanos (todavía esto es cierto en algunos sectores y sobre todo en la televisión evangélica). Esto encima se vio agravado porque hemos sido el único ejercito que mata a sus heridos. Cómo? Muchos lideres han visto como otros han sido avergonzados por la iglesia en vez de ayudados y restaurados al estar en pecado. Entonces tienen miedo de confesar su debilidad. Recordemos que Jesús dijo que tire la primera piedra el que no tiene pecado. Un Jesús que estuvo atento a corregir pero siempre con amor.
 
El camino de salida a este problema es que se levante una generación de líderes con autenticidad y transparencia. Yo soy un pecador y todavía hay cosas de mi carácter que me cuesta controlar. He tomado decisiones en el ministerio que han estado equivocadas y muchas veces he actuado con motivaciones erradas.
 
Al reconocer eso quedo menos expuesto a crear una barrera de hipocresía que impida que otros demanden cuentas de mi vida y ministerio. Demasiada exposición sin lugar para el refresco No es fácil ser responsable del crecimiento espiritual de otras personas. Algunos líderes pasan todo el tiempo dando sin separar un tiempo para recibir también. Esto los debilita y fastidia. Muchas de las historias de caídas de lideres dan cuenta que fueron en momentos de defensas bajas. Y si a la responsabilidad natural del liderazgo le agregamos fama, viajes y una agenda descomunal el refresco se necesita con más urgencia.
 
Separar tiempo en familia, buenas vacaciones y también nutrirse del ministerio de otros previene un estado de debilitamiento. Claro que hay mucho más por decir pero por ultimo me gustaría ayudarte a responder una pregunta que es muy importante ¿Qué puedo hacer si conozco a algún líder que está en pecado? Ayudarle confrontando su pecado. Cuando le señalas su pecado a alguien con amor le haces un favor. Primero vístete de misericordia no sea cosa que la confrontación tenga que ver con tu motivación de hundir a esta persona, mostrar tu espiritualidad, cuidar tu reputación o cualquier otra razón que no sea la de ayudar a esta persona y edificar el cuerpo de Cristo. Haz exactamente lo que entiendas que Jesús hubiera hecho. Habla en privado y si no hay progreso habla con un testigo.
 
Si te encuentras con que además del pecado hay hipocresía que pretende quedarse así, entonces si tienes que hablar con otros lideres y denunciar el pecado. ¿Y si yo he sido la persona herida por el pecado? Lo mismo pero además perdonar. No hay otra llave para liberar tu corazón y el de esta persona.
 
Extraído de www.especialidadesjuveniles.com
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